Gaston Bachelard /// Interpretación(es)

gastonbachelard-s-h1«Recibo siempre un pequeño choque, un pequeño dolor de lenguaje, cuando un gran escritor una palabra en sentido peyorativo. Primeramente las palabras, todas las palabras desempeñan honradamente se oficio en el lenguaje de la vida cotidiana. Después, las palabras más habituales, las palabras adheridas a las realidades más comunes no pierden por eso sus posibilidades poéticas. ¡Qué desdén cuando Bergson habla de los cajones! La palabra llega siempre como una metáfora polémica. Ordena y juzga, juzga siempre del mismo modo. Al filósofo no le gustan los argumentos de cajón.

»El ejemplo nos parece bueno para mostrarnos la diferencia radical entre la imagen y la metáfora. En Bergson, las metáforas son abundantes y en cambio las imágenes escasean. Parece que para él la imaginación fuera toda metafórica. La metáfora viene a dar un cuerpo concreto a una impresión difícil de expresar. La metáfora es relativa a un ser psíquico diferente de ella. La imagen, obra de la imaginación absoluta, recibe al contrario su ser de la imaginación. Exagerando luego nuestra comparación entre la metáfora y la imagen, comprenderemos que la metáfora no es susceptible de su estudio fenomenológico. No vale la pena. No tiene valor fenomenológico. Es todo lo más, una imagen fabricada, sin raíces profundas, verdaderas, reales. Es una expresión efímera, o que debería serlo, empleada una vez al pasar. Hay que tener cuidado de no pensarla con exceso. Hay que temer que los que la leen la piensen. ¡Qué gran éxito ha tenido entre los bergsonianos la metáfora del cajón!

»A la inversa de la metáfora, a una imagen le podemos entregar nuestro ser de lector; es donadora de ser. La imagen, obra pura de la imaginación absoluta, es un fenómeno de ser, uno de los fenómenos específicos del ser parlante.»

 

Gaston Bachelard, La poética del espacio, México, Fondo de Cultura, 2009 (1957), pp. 107-108.

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El espíritu de Henri Bergson

Hubo un tiempo en el que la Filosofía y sus filósofos abogaron y defendieron la autonomía de ésta frente a la Ciencia, ya que respondía a distintos mecanismos, diferentes métodos. La reacción frente a la tendencia positivista fue la característica más clara y radical del espiritualismo, que buscaba reafirmar la irreductibilidad del ser humano ante la naturaleza. Encontrar esos valores, estéticos o mentales, tales como la libertad o la finalidad de la totalidad de los actos y el hallazgo de los caminos, supuso el esfuerzo por encontrar en el hombre la independencia del espíritu, la conciencia o la reflexión.
Henri-Louis Bergson (1859-1941) representó muy bien ese tiempo al radicalizar en parte su postura filosófica frente a los sistemas racionalistas. Influido poderosamente en su período juvenil de formación por la obra de John Stuart Mill, Herbert Spencer o Charles Darwin, la obra magnífica de este gran filósofo francés, ganador del Nobel de Literatura en 1927 (entregado un año más tarde), no especialmente amplia a decir verdad, rebosa calidad y precisión expositiva. Basta ojear cualquier ensayo (La risa, Materia y memoria, La energía espiritual, La evolución creadora, etc.) para advertir de golpe y porrazo que se trata de un filósofo de primera magnitud, tanto por sus planteamientos como por su temática.
Resulta conmovedor por tanto que la editorial Siruela haya editado algunos ensayos de este formidable pensador en formato reducido, de lectura rápida y muy manejable, lo que nos permite degustarlo en cualquier situación imprevista. En él se recogen varios ensayos dedicados esencialmente a la filosofía, la estética y la metafísica: extractos de una especie de actas que fueron redactadas y recopiladas por sus propios alumnos con motivo de unos cursos que impartió en el Lycée Henri IV de París y en Clermont-Ferrand (Auvernia). Este autor de impronta decimonónica encarnó, como decíamos, la reacción frente al positivismo valiéndose de esa nueva tendencia que maridaba espiritualidad y vitalismo. En este pequeño libelo se nos pone de manifiesto su considerable crítica a Kant y al grueso de su ideario estético para luego dar paso suavemente a las nociones sobre la belleza y la estética en general, terminando por exponer su consideración respecto del arte y de las formas sensibles de creación.
Bergson postulaba la existencia en el hombre de dos realidades, el espíritu y la materia. Consideraba que el espíritu es un ente individualizado e independiente. Los fenómenos asimismo no deberían ser tratados como factores exteriores; la vida interior no puede medirse con el mismo reloj de los contratiempos externos, sino que posee sus propios ritmos, sus propios tiempos. En esta misma línea, se opuso igualmente al determinismo físico y psicológico, lo que nos permitirá comprender, como es natural, por qué la idea de libertad se alzó como uno de los ejes centrales de su producción filosófica, ya que, en opinión del filósofo, dicho determinismo causal no existe ni en el mundo físico o material.
Un librito por tanto que recomendamos encarecidamente, tanto por la amabilidad de su lectura como por su efectividad argumentativa. Leer a Bergson quizás nos aleje un tanto de esta trepidante modernidad; posiblemente sus sistemas y patrones de pensamiento estén ya superados; con casi total seguridad sus postulados están descontextualizados de nuestra actualidad; todo ello es posible. Pero únicamente por la claridad enunciativa, ese don que todo genio de la comunicación posee, el libro se nos antoja imprescindible. Invita a reflexionar y lo hace de un modo desprendido y dinámico. No olvidemos que Henri Bergson recibía en todas sus conferencias a una cantidad abrumadora de personas de todo tipo, condición, edad o formación; fue una especie de fenómeno él mismo, también alimentado por quienes le consideraron una especie de místico nutrido en las postrimerías del siglo XIX y, por ello, un singular filósofo heterodoxo del siglo XX que mientras el mundo enunciaba sus tesis destructivamente tremendistas él pronunciaba incansablemente la palabra espíritu. Sin ninguna duda, una lección magistral.

 

 

Henri Bergson, Lecciones de estética y metafísica, Madrid, Ed. Siruela, 2012, 168 pp.

‘Henri Bergson. Una lección magistral’, publicado en la revista Culturamas (16.V.2012)