Para regresar allí de donde vino,
llega el alma a tu cuerpo
como un ángel de piedad tan lleno
que a todo intelecto cura y al mundo honra.
Ése sol me arde y eso me enamora,
y no sólo tu rostro sereno por fuera:
el amor no tiene esperanza en las cosas que fallecen
si en él la virtud no descansa.
No ocurre distinto con las cosas altas y nuevas,
donde la naturaleza imprime su sello y el cielo
en su origen se empareja;
ni Dios se muestra, por su gracia, en otro lugar
más que en algún velo sutil y mortal;
y lo amo a él, al sol, porque en él se refleja.

Estudio de una mujer de luto, 1493-1497, Colección privada
[Per ritornar là donde venne fora,/l’inmmortal forma al tuo carcer terreno/venne com’angel di pietà sì pieno,/che sana ogn’intelleto e’l mondo onora./Questo sol m’arde e questo m’innamora,/non pur di fuora il tuo volto sereno:/c’amor non già di cosa che vien meno/tien ferma speme, in cuo virtù dimora./Né altro avvien di cose altere e nuove/in cui si preme la natura, e’l cielo/è c’a’ lor parti largo s’apparecchia;/né Dio, suo grazia, mi si mostra altrove/più che ‘n alcun leggiadro e mortal velo;/e quel sol amo perch’in lui si specchia.]
Cit. Rime, soneto CVI, [trad. Mario Colleoni], Rizzoli, p. 167.
