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Francisco Ayala /// Interpretación(es)

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Francisco Ayala (Fuente: eldiario.es)

«El estímulo y resorte último de la Libertad se encuentra en el fondo del alma humana: su implantación y su defensa en la sociedad es siempre la obra de una especie de heroísmo ético, y requiere una inagotable energía espiritual y una actitud de incesante y celosa vigilancia. Tan pronto como aquella disposición heroica se distiende, esa energía se disipa y esta vigilancia se relaja, la Libertad -arruinado su fundamento moral- desaparece del mundo para refugiarse en el alma de los mártires.
»Todos estamos obligados a esforzarnos por conseguir que en la sociedad presente no haya mártires, pues que no puede haberlos sin que existan al mismo tiempo sus verdugos.»

Francisco Ayala, Historia de la libertad, Madrid, Visor, 2007 (1943), pp. 123-124.

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Francisco Calvo Serraller /// Entrevistas

Nos recibe sentado en un sillón mientras Keith Haring gravita por las paredes de la oficina con sus muñequitos inquietos. A veces el arte habla por sí solo. Hoy es un gran día, porque esta poderosa fuente de energía es la necesaria para llevar a cabo la entrevista que Francisco Calvo Serraller nos ha concedido amablemente con motivo de su nuevo libro, La invención del arte español (Galaxia Gutenberg, 2013), un libro que grosso modo no es sino una revisión necesaria del fenómeno del arte español, una lectura obligada de la herencia artística y cultural de nuestro país en el mundo, un presente con el que nos obsequia y recuerda que toda verdad es un consenso. Ostenta una de las primeras cátedras de Historia del Arte de la universidad española, ha sido también director del Museo del Prado y, tras cerca de cuatro décadas de dedicación prolija y constante, todavía ejerce en la Universidad Complutense de Madrid con una frescura inigualable. Un verdadero prodigio. Tras reconocernos, comenzamos rápidamente porque el tiempo nos pisa los talones. Un vaso de agua fresca. Primera pregunta.

¿Cómo es que el arte español sea un invento?
Es muy sencillo. Todo arte es un relato. Ahora bien, el arte español, en primer lugar, no tuvo carta de naturaleza fuera de España hasta el siglo XIX. Cuando la gente lo descubrió y se fascinó con ese algo que no conocían, inmediatamente decidieron construir un relato. Pero fue un relato que, asombrados los españoles por el asombro de los extranjeros y percatándose así de lo que poseían, consiguió incorporarse como algo propio. En cierta manera los mismos españoles, cuando empezaron a leer cómo eran a través de su arte, empezaron también a interesarse por su arte y a revalidar esa imagen. Hoy han cambiado muchas cosas, fundamentalmente casi todos los relatos artísticos nacionales son del siglo XIX porque corresponde a la época del nacionalismo. Fue toda una operación con fórceps para que de repente se leyera todo el pasado de un lugar desde la idea de nación, que alcanzaría su apoteosis con el Romanticismo reafirmando la idea del espíritu nacional (Volkgeist) y que, desgraciadamente, no se ha extinguido todavía. Aún así, llega un momento en el cual ese relato se revisa y entonces aparece una idea brillante.

¿Cuál es esa idea?
Que el arte español empieza en El Greco y termina en Goya, pasando, evidentemente, por Velázquez. Pero esta teoría, que dio comienzo con la visita de Manet a Madrid, exponía no solo que Velázquez había mirado mucho a El Greco, sino que Goya había mirado mucho a Velázquez. ¡Eso lo pilló de una manera extraordinaria! Manet no solo puso de moda a Velázquez, un desconocido todavía en 1865, puesto que se tenía que pasar por el Prado y además tener ojo, sino también esa estructura encadenada basada en esas tres grandes figuras. El eslogan de las exposiciones españolas representativas hasta casi ayer era: Arte español: del Greco a Goya.

Y vaya si cuajó…
Yo que viví mucho el período de la transición política y sobre todo el ataque de amor hacia España que se produjo después (primero porque pensaban que nos íbamos a matar debido a nuestra fama merecida de asesinos, y segundo porque se pensaba que la Transición iba a ser algo terrorífico), una vez fracasado golpe de Tejero, con aquella cosa folclórica del tricornio y todo lo que formaba parte del folclore nacional (risas) más negativo, durante quince años todo lo español se estimuló. Con ello aprendí a tener mucho respecto por la configuración-relato y generó en mí una obsesión por cambiarlo, en el sentido de que no podía acabar en Goya, ¡tiene que llegar hasta Picasso! Y este relato significa que la Escuela española se convierte en la máxima influencia de todas las sucesivas vanguardias, por de pronto todas las del XIX y parte de las del XX. Cuando su influencia dejó de ser operativa, entonces resultó que todos los protagonistas eran españoles. ¡Claro, la figura de Picasso es esencial! No hay ningún artista que haya tenido más influencia ni haya encarnado mejor la figura del prototipo innovador más claramente que Picasso. Sin duda alguna.

Vemos que casi la mitad del libro está dedicado exclusivamente a la exposición Picasso. Tradición y vanguardia que comisariaste junto a Carmen Giménez en 2006.
Sí, aquí además hay un añadido que queda un poco solapado. Ahí coloqué el texto que había escrito para ese catálogo dentro de una exposición que consideré muy necesaria; después para la exposición que se hizo a imitación de la española (se refiere a Picasso et les Maîtres, París y Londres, 2008-2009) me pidieron otro texto y les di un ensayo para el catálogo francés e inglés en el que no se incluían aspectos reiterativos. Supongo que es distinto explicar el arte español a extranjeros.

Está claro que el libro está enfocado como una revisión, lo que nos permite indagar en su motivo fundamental. ¿Podríamos deducir que el arte español está en crisis?Bueno, cada vez sé menos lo que significa una crisis en el arte. La palabra crisis es cambio. Es verdad que todo apunta, después de la Transición y cada vez más, a que los artistas españoles no están tan fidelizados como vanguardistas anteriores a la Escuela española. Si uno ve, por ejemplo, el Grupo El Paso, ¡claro!, ve la tradición española inmediatamente. Saura está haciendo continuamente homenajes a Goya, a Velázquez, retratistas españoles como Juan Pantoja o Sánchez Coello, pero claro, uno ve los cuadros de Millares con blancos y negros y parece Zurbarán, ¡está clarísimo! Esto es así. Pero después de la Transición, ves de repente, sin embargo, que los dos artistas españoles más internacionales hoy son los más españoles en el sentido que los extranjeros determinaron cómo tenía que ser el español: Almodóvar y Barceló. Es alucinante. Hay una broma que siempre digo, de ningún modo negativa: Almodóvar = Romero de Torres + Fassbinder (risas cómplices). No lo digo sarcásticamente: un tipical spanish que de repente juega como Fassbinder. Esto entusiasma.

¿Crees que la identidad propia te viene siempre dada desde el exterior?
¡Ah, sí, claro! Naturalmente. De eso no se libra nadie (risas).

¿Dónde nacen las escuelas nacionales, en el idealismo alemán, en el Romanticismo, en Diderot o en el Código Napoleónico?
No sé si la denominación de nacional, pero sí de local, la estampa Vasari con la pintura florentina. Los florentinos estaban encantados de conocerse, ¡y con razón!, y entonces empezaron a hacer una memoria de su propia historia y sus hijos ilustres desde casi finales del XIII y comienzos del XIV. Vasari quiere contarnos la historia del arte que han hecho ellos; el Renacimiento se ha difundido por toda Europa y él es consciente de este fenómeno; por otro lado adora el arte de su región, Toscana, el arte florentino… pero claro, no puede ningunear la escuela veneciana, no puede decir que los primitivos flamencos eran desmerecedores. Entonces inmediatamente empieza a elaborar una red internacional en la que da prioridad a Florencia y en la que deja algún espacio a Venecia… también en Alemania hay un tipo que no está mal que se llama Durero (risas) o de repente algunos de los protagonistas en los Países Bajos, etc.

Vasari barría para casa…
Fue un poco el que dio una visión localista o de escuela local, ya que no se puede producir una escuela nacional hasta que no surge el Estado absoluto en el siglo XVII. Este Estado absoluto es el que realmente crea el Estado nacional, fragua y luego se desarrolla gracias a la burguesía, que asimismo es nacionalista. Es paradójico porque nosotros somos producto de toda esa herencia del XVIII, por un lado queremos llamarnos ciudadanos y por otro tenemos el estigma nacionalista que nos corroe y que, a modo personal, desearía que se disolviera un poco. En España lo veo muy difícil porque parece que Franco ha triunfado, pero ha triunfado entre sus propios enemigos: ¡a ver cómo explicas que el panorama actual sea una apoteosis de nacionalismos! Vaya lata para los que conocimos el Franquismo que pensamos que jamás podría aparecer alguien con algún sentido patriótico. Ahora a la izquierda y a la derecha solo les interesan las naciones, por mí que se los trague la tierra (risas).

Háblanos un poco de estas tres exposiciones rupturistas sobre Picasso y el arte español.
La más innovadora fue aquella de Pintura española de El Greco a Picasso. El tiempo, la verdad y la historia (Nueva York, 2006-2007) porque, y no lo digo como infatuación, jamás se había hecho una lectura transversal de la historia del arte. Una cosa son las ocurrencias, y otro el momento de la verdad, como una gran corrida que vas a brindar y que luego, una vez en el callejón, te ves rezando a la Virgen porque estás pensando en cómo escapar de allí. En las exposiciones pasa un poco esto. Las ideas funcionan muy bien, pero pronto te empieza a entrar el terror. Lo impresionante para mí fue comprobar lo bien que esas ideas funcionaron, el hecho de hacer una lectura totalmente insólita con unos temas en los que se entremezclaban cinco siglos. ¡Y ya no solo teóricamente sino también visualmente! Fue estremecedor, demostraba que las lecturas académicas se habían quedado obsoletas. La necesidad a la hora de hacer un orden cronológico, con el carácter protocolario de sus correspondientes escuelas, que yo he creído en ellas, está en crisis. La idea de cambiar el relato me parece muy importante, y, en este sentido, Picasso. Tradición y vanguardia o Pintura española de El Greco a Picasso fueron modelos de cambio de relato, no solamente para España sino para cualquier parte del mundo. Creo que en cierto modo descongestionaron un tipo de mirada que se iba convirtiendo, ya entonces, en muy anacrónica.

No sé si has tenido oportunidad de visitar la exposición de la Fundación Juan March sobre surrealismo. Precisamente todos esos esfuerzos de los que hablamos no han sido en vano, ya que el discurso es esencialmente la materialización de la idea de Walter Benjamin sobre el “tiempo-ahora”, una suerte de lectura que pretende ver el pasado en el presente y el presente en el pasado.
¡Sí! ¡Es que además es así! Naturalmente es inevitable, no es una opinión, es que realmente el pasado se reconstruye desde el presente, porque de no ser así, no habría ninguna reconstrucción.

Llegados a este punto y tratando sobre Benjamin y la transversalidad del tiempo, me gustaría rescatar aquel famoso artículo de Natalie Heinich sobre la periodicidad en el arte. ¿Llegará algún día en el que podamos decir que todo arte es contemporáneo?
Todo el arte al que seguimos dando la categoría de arte, es porque se la estamos dando hoy. En el momento en el que no le concedamos la categoría de arte, desaparecerá. La revalidación del pasado por parte del presente es un hecho incuestionable, otra cosa es que, dentro de los peligros que asedian al hombre, está el impulso de autodestrucción, pero quizás el más grave y el más terrible es el de destruir la memoria.

Lo hemos visto y lo estamos viviendo.
Claro que el hombre es capaz de destruir, lo ha hecho muchas veces en la historia con resultados funestos porque las dificultades para reconstruir lo destruido son enormes. Es más fácil construir que reconstruir. En cualquier caso, esto puede ocurrir, pero salvo que el hombre no destruya la memoria, seguirá explorando en el pasado las cosas que más necesite para el presente.

De todos es conocido el éxito del que gozaron las estampas de Goya y su gran acogida en media Europa. ¿Es el arte español actual un fenómeno exportable para introducir dentro de los circuitos internacionales?
No. El problema es que hoy el dominio de la exhibición pública del arte, como era natural que ocurriese, lo tiene el mercado. Antes cuando el mercado no aceptaba el arte reciente o emergente (no había cotización), existía una política institucional que trataba de compensar la falta de atención al arte del presente. Yo que frecuentaba las citas internacionales no veía un español en cuarenta metros a la redonda. En la actualidad el arte español ha entrado en el mercado con una fuerza violenta, lo que hace que la orientación de la historia mute. Ahora bien, es muy difícil que el arte español tenga esa proyección porque el mercado español es ridículo, lo que diezma de artistas el panorama. Incluso los pocos nombres españoles que hay en este mercado, han venido promovidos desde fuera o desde sitios señalados. Eso sí, hay un tratamiento muy amplio en los medios, a la gente le ha divertido asistir a exposiciones, pero no hay una verdadera afición con solidez. De un día para otro los periódicos dejan de interesarse por el arte, como ese dicho que dice: “Te acuestas monárquico y te levantas republicano”. Somos un país muy frágil y tornadizo, cambiamos con demasiada rapidez. En cualquier caso y volviendo a la pregunta, el mayor disparate sería intentar dinamizar el arte español como una promoción oficial.

Desde tu experiencia como antiguo director del Museo del Prado y, por ende, tu bagaje como gestor cultural, ¿cómo crees que se podrían reactivar o revitalizar las colecciones de los museos históricos?
El Museo del Prado, en este sentido, es tal vez lo único universalmente aceptado. El índice de visitantes españoles es ínfimo, en mi época no pasaba del 6%, así que supongo que, si Madrid sufriera una caída de visitas turísticas, que ya la está sufriendo, no se podría hacer nada.

En referencia a los museos históricos, se ha discutido en infinidad de ocasiones acerca del arte vivo y el arte muerto en función de su posición fuera o dentro del museo. Jaime Sordo, presidente de la Asociación de Coleccionistas 9915, me comentó una vez que el fin del arte es el museo. ¿Crees que el arte de los museos es un arte agotado y el que se encuentra fuera de ellos es dinámico?
No lo creo. Por otra parte, es indiscutible que el destino de las colecciones privadas es acabar en las colecciones públicas, pero es entendida casi como una fatalidad. No obstante el terreno cultural es tan cambiante, que todavía no sabemos si va a haber museos en un futuro inmediato. No hay que olvidar que el museo público es un invento muy reciente y ha cambiado de una forma radical en los últimos dos siglos que tiene de existencia. En realidad es un invento del rodaje, incluso no sabemos si caducable. A lo mejor la concepción que nosotros tenemos de museo no solo se vea modificada, sino que incluso desaparezca. No me parece una hipótesis descabellada. ¿Y por qué? Porque tal vez se decida que las obras residan en sus escenarios originales o que aparezcan nuevas plataformas de conservación. No me parece trágico que el arte desaparezca, lo que me parecería trágico sería que desapareciera la creatividad humana. Yo no me pondría tan dramático con el arte.

Hablando de arte y dramatismo, hay un epígrafe en el libro que trata sobre géneros y obsesiones de lo español. Evidentemente no podía faltar la mención a Baudelaire en uno de ellos. ¿Verdaderamente el arte está llamado a ser el último refugio en el que cobijarse en mitad de este clima social genuinamente desolador?
Dentro del conocimiento, el arte (incluida la literatura) es lo que tiene una mayor densidad significativa. Es lo que más me interesa. Busca respuestas y no preguntas. El arte, en cierto modo, es quien mantiene encendida la luz de esas preguntas.

No querría despedirme sin hacer un sondeo anecdótico respecto a tus hábitos culturales. Estoy seguro de que nuestros lectores lo agradecerán. ¿Cuál es tu libro de arte de cabecera?
El ensayo de Mark Strand sobre Hopper, publicado en Lumen (2008) y otro de Guy Davenport titulado El museo en sí (Aldus, 1999; Pre-Textos, 2006).

Un narrador por excelencia.
Gustave Flaubert.

Una película extraordinaria.
Sacrificio de Tarkovsky.

Un poeta predilecto.
Tengo muchos, ahora bien, un libro reciente que me ha cautivado es Dones, de John Burnside (Lumen, 2013).

La última exposición que has visitado.
Curiosamente Velázquez y la familia de Felipe IV, ahora en curso en el Museo del Prado. Me parece magnífica tanto por las obras como por su concepción. Una exposición impecable.

¿Coleccionas algo?
Lo único que puedo, que son libros. Y lo cierto es que acabaré aplastado por ellos. Coleccionar siempre es la construcción de un mausoleo, de una tumba. Yo estoy a punto de cerrar esa tapa.

Artículo publicado en Revista de Letras

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InMediTerraneum ’13

© Lola Iglesias

Slowtrack © Lola Iglesias

A finales del mes pasado se celebró la cuarta edición de In Medi Terraneum, el Festival Internacional de Videoarte que se desarrolla a la vez en Argentina, Uruguay, Colombia, Grecia, Italia y España. Esto fue lo que dio de sí. 

Nunca más que ahora se hace necesaria una cultura alternativa. Los medios disminuyen y la demanda se multiplica. Es un hecho. La cultura importa. Con matices de distinta índole, evidentemente, pero siempre entendida como un oasis en mitad de un desierto que ahora viste los ropajes de una feroz crisis financiera, que no es sino el resultado lógico del escapismo y la aglomeración de ladrones de guante oscuro en un mismo lugar que hemos convenido en llamar civilización democratizada. Nada más lejos de la verdad, aunque no seré yo quien haga acopio de esputos y miasmas en un intento forzado por explicar toda esta amalgama de inocencia, maldad y cobardía. No señor.

Me propongo escribir de arte y espíritu colaborativo, de oxígeno sin camisas de fuerza, de proyectos fantásticos que se suceden en algunas ciudades, vengo a hablarles, en definitiva, de esa fórmula tan en alza (y esperemos que no por mucho tiempo más) del “por amor al arte”. El amor lo encarnan las personas y de la traducción plástica se encarga el videoarte. In Medi Terraneum es un Festival Internacional Simultáneo de Videoarte que nació en 2010 y cuenta en su haber cuatro ediciones. Su última edición tuvo lugar los pasados días 28, 29 y 30 de noviembre. El formato es sumamente original, ya que incidiendo de manera más o menos transversal con focos estratégicos en los que no confluyen los circuitos patronímicos del arte contemporáneo, se presentan tres jornadas por y para el videoarte, con proyecciones de las piezas, master classes, talleres donde desarrollar técnicas creativas digitales derivadas del Art Media, este año además estaba el primer Foro en España sobre la materia…, para clausurar la cita con una sesión simultánea de DJ y VJ donde se aprovechaba para contactar con los distintos puntos del mapa convocados.

Las sedes son seis: Argentina (Córdoba), Colombia (Bogotá), España (Madrid), Grecia (Atenas), Italia (Favara) y Uruguay (Montevideo). Según fuentes del Festival, este año han concurrido a la convocatoria centenares de obras, lo que ha incrementado el valor de la visibilidad de los seleccionados. Por lo tanto, un total de ocho piezas de videoarte (contando dos menciones especiales) que nada tenían en común entre sí. Buen principio. “La cultura es el lugar de la búsqueda de la unidad perdida. En esta búsqueda de la unidad, la cultura, como esfera separada, está obligada a autoaniquiliarse”, decía Debord en su ensayo sobre La sociedad del espectáculo. No sabemos si a autoaniquilarse, pero lo que sí sabemos es que se trata de un acto efímero. Efímero en tanto reproductible, que diría esta vez Walter Benjamin. El videoarte, más que cualquier otro arte, refleja de manera fidedigna el paradigma de las sociedades actuales.

Se trata de una manifestación inmediata, breve e impactante. Cada vez más, el consumidor se ha mostrado más proclive al presentismo, a esa fiebre de la velocidad que no permite detenerse ante nada, ni ante el tiempo. El videoarte es, en este sentido, un espejo donde vernos reflejados. E incluso, así y todo, resulta curioso que todavía cueste tanto esfuerzo integrarlo en algunas exposiciones de mayor calado. Desde IMT se propone una integración sin fricciones, un sistema de adecuación a la medida de la norma sin desbaratar por ello el discurso del arte, que es en última instancia lo que importa. ¿O no? El lugar que acogió estas dos primeras jornadas fue La Trasera, el legendario espacio expositivo de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, aunque para la traca final había preparada una sorpresa.

Las obras seleccionadas se debatían entre el esteticismo decadente de First Rust (Katerina Katsoura, Grecia) que planteaba la percepción la vejez por parte del ser humano; el preciosismo de Lost in a glass of water (Cinzia Sarto, mención especial de Italia) que nos inundaba a través de un mapa sonoro acuoso y delicado; el discurso árido y antipático de los lugares no transitados dentro de la ciudad (Calixto Ramírez, Italia); pasando por el vídeo de carácter crudo y documental como Über uns / Sobre nosotros (Javier Velázquez Cabrero, España) cuyo contenido hiela dada su rabiosa actualidad, la de personas integradas que se ven obligadas a pedir ilegalmente en un vagón de metro aprovechando el despiste de la seguridad privada de los transportes públicos, sólo que ahora se ha escogido a un padre de familia español y se han trasladado con él al metro de Stuttgart para recaudar en un día la cantidad que se abonaría después al Tesoro Español como tributo del pueblo alemán. También pudieron verse piezas como las de NobodyLovesMe (Diego de los Campos, Uruguay) en las que una Barbie acaba siendo presa de su propio petróleo, La habitación infinita (Christian Delgado; Nicolás Testoni, Argentina) o Utopila #2 (Diego Alejandro Garzón, Colombia), amén de otra sugerentísima mención especial, la de Colombia, firmada por Tatyana Zambrano y Roberto Ochoa con el título de Clutch.

© Mario S. Arsenal

En el espacio La Trasera (BBAA) © Mario S. Arsenal

Mejor no lo pudo resumir Jean-Luc Nancy: “Estar en el mundo es todo lo contrario de estar en un espectáculo”. Estar en el mundo, el famoso in der Welt sein de Heidegger, cuya traducción no ha encontrado aún consenso entre los estudiosos, es estar dentro, mientras que estar en un espectáculo es estar delante. Tal vez el videoarte nos arroja a ser parte del espectáculo sin capacidad de involucrarnos, tan sólo como agentes contemplativos. Pero convendría no olvidar que ya nos empuja a reflexionar desde la frustración que nos produce, que ciertamente no es poco. He aquí el modo para diferenciarlo de un sencillo anuncio de televisión en el que dicho espacio queda, este sí, tiránicamente aniquilado por completo. Sin embargo no es momento de deslindarnos por esos derroteros, así que dejamos la cuestión para sociólogos o antropólogos del arte.

Viernes y sábado tuvo lugar el Foro, un espacio de encuentro y debate que congregó a algunos artistas y distintos agentes del arte contemporáneo. Entre lo más señalado, la presencia de dos colectivos estéticamente opuestos como son Paupac Azul LRM Performance. Mostraron sus trabajos y finalmente llegaron a crear un diálogo en abierto con sus distintos modos de concebir la creación audiovisual. Si los primeros acaban confiando en el marco porque su producción está pensada desde el soporte de auriculares y pantalla, los segundos pretenden romper con dicha ley y expandir su experiencia artística más allá de un monitor pixelizado. Interesante confrontación de elementos estéticos. Pero también hubo tiempo para charlar con Semíramis González Javier González Panizo, ambos residentes del arte contemporáneo, si bien habitantes desde muy distintas perspectivas.

Con ellos hablaron sobre videoarte, sobre referentes, sobre el significado de todo este embrollo conceptual, y quedó patente una cosa. Todavía no está muy claro qué es arte y qué es vida, y si el arte es una u otra como defendió maravillosamente Thomas Mann, o si la vida no es arte como propugnaba Wilde… En fin, como decía antes, a la vista está, un embrollo de tres pares de narices, pero siempre enriquecedor en cuanto vivo (esto no lo diría ni Benjamin ni Debord ni Nancy).

Digna de mención es la master class que Antonio Muñoz Carrión, catedrático de Sociología de la UCM, nos regaló en esa gélida mañana de viernes. El eje desde el que pivotó su intervención fue el “fuera de lugar”, quién sí y quién no está en el ámbito, los motivos, las razones, las causas, en fin, un recorrido de enfoque antropológico que ayudó a los madrugadores a entrar en calor sináptico. Después Andrés F. Duarte impartió un taller de introducción sobre Arduino y Puredata, distintos hardwares que todavía nos parecen propios de la ciencia-ficción, con un sinfín de posibilidades y de aplicaciones live. Algunos aún tenemos visiones con alguna de las herramientas que utilizó, como el acelerómetro, una piececita de apenas 2 cm con la que conseguía manipular analógicamente el movimiento de maquetas 3D y viceversa. Un tipo de magia extraordinaria, vaya. Pero aquí no termina todo.

© Mario S. Arsenal

Montaje general en La Trasera (BBAA) © Mario S. Arsenal

El sábado la sede de IMT en Madrid se trasladó a Slowtrack, un espacio híbrido a medio camino entre una galería de arte y un centro de exposiciones en el que todavía hay hueco para descansar en la cocina o ver obras de arte en alguna de sus habitaciones. Un lugar verdaderamente sugerente que les recomendaría no perder de vista. El patrocinador falló, lástima, pero no así lo más importante: la gente. Como les decía, la cultura importa. Si no, ¿cómo demonios se explica que se reúna tanta gente en un mismo lugar para ver piezas de arte que podría ver en su casa? ¿El fenómeno de las redes social acaso? No lo creo.

El directo emociona, el tacto entusiasma al ser humano y el sabor de la compañía siempre es un valor en alza por más que nos empeñemos, por poner un caso, en el desarrollo tecnológico de mensajería privada con drons. En fin, mundo hipermoderno aparte, la sesión dio comienzo con conexiones en Favara (un pueblecito en la provincia de Agrigento, al sur de Sicilia), Córdoba y Bogotá. En Atenas hubo algún imprevisto logístico que dificultó la conexión, pero fuentes del evento nos confirmaron que una vez más esta sede se erigió en la más dinámica del Festival. Imagínense a más de 200 personas bailando con auriculares, en silencio, disfrutando al unísono sin palabra alguna. Eso fue Atenas, pero desde el resto de ciudades, nos quedamos sin verlo. La clausura en Madrid corrió a cargo de DJ Vulker y Kurly VJ que proyectaron simultáneamente los vídeos seleccionados.

En definitiva, qué sabemos nosotros de la veracidad de las teorías de Benjamin, Debord o Nancy. La necesidad se apodera de todo, incluso del arte. No gozamos de ningún paraíso prometido en el que resguardarnos del frío, alternativas como estas son de lo mejor que está produciendo este terrible momento financiero. Y todavía hay más, porque mientras otros certámenes cobran su entrada diaria, en IMT mantienen su filosofía no lucrativa permitiendo el acceso gratuito los tres días del festival. Más alto no lo puedo decir. Larga vida al arte y a la gente que lo ama.

Artículo publicado en El Asombrario & Co.

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forosur_cáceres_13, capital del Arte Contemporáneo

Fluxus ©Foro_Sur_Cáceres_13

Fluxus ©Foro_Sur_Cáceres_13

Estuvimos en la feria encuentro de agentes del arte contemporáneo, Forosur_Cáceres_13, durante todo un fin de semana en la ciudad extremeña. Esto fue lo que vimos en una Cáceres que seguirá acogiendo las propuestas más vanguardistas hasta el próximo día 24.

Después de la buena acogida por parte de los medios en su presentación en Madrid, las expectativas sobre el proyecto cultural de Forosur_Cáceres_13 eran halagüeñas. Y no era para menos después de ver la cantidad de actividades que había programadas para la cita. Ya se sabe que toda operación de gestión y administración del erario público se mira con lupa y, naturalmente, no faltará quien se empeñe en ver conspiraciones hasta en una hoja en blanco, pero lo cierto es que las jornadas han resultado ser un éxito. No sólo porque allí se dieran cita importantes nombres académicos, del galerismo o coleccionistas y académicos, sino porque Cáceres se engalanó de arte contemporáneo durante tres días en los que todo el espectro de agentes del arte tuvo la oportunidad de crear redes de comunicación que de otro modo hubiera sido imposible.

Josefa Cortés, directora gerente del Museo Vostell Malpartida, apoyando la iniciativa de este encuentro y reafirmando la validez de Forosur_Cáceres_13, confesó que existía la necesidad de más encuentros de este tipo y que las relaciones entre profesionales casi siempre son reducidas. Ángeles Baños, nombrada galerista de Badajoz, por su parte, afirmaba que de no ser por la asistencia a este tipo de ferias, ella misma sería una desconocida. Estamos en grado, por tanto, de considerar que todo dispendio hacia la cultura en general y en especial a la cultura contemporánea, nunca es en vano.

Quisimos ser cautos y precavidos para no caer en esa ilusión que deriva del entusiasmo, pero a medida que los días fueron pasando y gracias tanto a las actividades alternativas como a las propias exposiciones, nos fueron convenciendo de que lo que allí sucedía era cierto. La cultura vale su peso en oro. Un peso y un oro que nada tienen que ver con las financiaciones o el patrimonio, sino con el capital humano congregado, un valor a la alza sin estimación posible (incontable, por cierto) y de unas posibilidades infinitas en tiempo y espacio. Tuvimos el privilegio de charlar con artistas, coleccionistas y galeristas que nos narraron sus impresiones de manera sincera. El resultado fue que unos pocos se mostraban desilusionados por la escasa salida de sus obras, otros nos contaban con fervor la cantidad de personas con las que habían tomado contacto, de todo tiene que haber, pero la mayoría de ellos coincidió en que la venta no era el objetivo, que esta era una feria (se empeñaban en llamarla así, pero francamente no lo era) donde generar vínculos de mayor relevancia. Sonada fue la cantidad de proyectos futuros que de allí nacieron sin solución de continuidad, o gente que, descubriendo la ciudad de Cáceres, como era el caso del artista vasco Alain Urrutia, cerraron sus galerías (en este caso la Juan Silió) con un éxito de ventas apabullante y certificaron el potencial de este encuentro. El pecunio recaudado de las obras de arte, por lo general, han sido satisfactorio, más de lo que esperaban, lo cual no es sino una alegría doble, pero insistimos en que lo que Cáceres ha encerrado durante un largo fin de semana (empezó el viernes 25 de octubre pero se prolongará a lo largo de un mes más), es mucho más cuantioso.

Cáceres nos recibió con una lluvia apabullante, de esas que sin ánimo de amabilidad se cuelan hasta en las costuras de los zapatos. Una tromba de agua que sirvió de preludio a la fiebre ferial de los dos días siguientes. Después de la presentación con las respectivas autoridades en el Centro Cultural San Jorge, donde sigue estando instalada la exposición del Gabinete Estampa, y tras un cordial recibimiento en la Fundación MCCB (Mercedes Calles – Carlos Ballestero) donde nos agasajaron con generosidad, la Noche en Blanco se presentaba radiante. El agua dejó de dar la lata y algunos aprovechamos para patear el casco antiguo y ver las distintas exposiciones antes de medianoche. El primer lugar al que acudimos fue el Museo de Cáceres. El pozo de Cristina Iglesias, Pozo IV (variación 2), se colocó en el patio del museo provincial y, sin ánimo de desmerecer la pieza, no lucía como pudimos verlo en el 2011 en el Reina Sofía de Madrid. Posiblemente el espacio, íntimo pero angosto, amén de un zócalo que había de sortear en el pavimento y que engullía la mole cúbica de bronce a un nivel inferior, era demasiado embutido para una obra que requiere de cierta diafanidad. Muy sugerente a nivel plástico, otros la considerarán un tostón por la repetitividad mecánica de que hace gala en ocasiones, pero, en cualquier caso, lo que más nos sorprendió fue la propia Cristina Iglesias, que (no) brilló –y nunca mejor dicho– por su ausencia.

Espacio Vostell @Foro_sur_Cáceres_13

Espacio Vostell @Forosur_Cáceres_13

9915. MIRADAS ÍNTIMAS

Actuando como una interlocución perfecta de la obra en papel, esta exposición se compuso de una selección de dibujos procedentes de las colecciones de los socios que actualmente forman la Asociación de Coleccionistas 9915 presidida por Jaime Sordo. Tanto él como Chema de Francisco, director del Gabinete Estampa y comisario de este recorrido expositivo, hicieron hincapié, ya en la rueda de prensa en Madrid, que uno de los objetivos que contemplaba esta muestra no era otro que el de acabar con el halo de oscurantismo que la figura del coleccionista había arrastrado (y en cierto modo sigue arrastrando) durante décadas en España. Cuarenta obras sobre papel, distintos formatos de diferentes condiciones, Albert Gleizes (ya casi arqueológico), Natalia Goncharova, Le Corbusier, Julio González (no se suelen ver sus dibujos fuera de la abstracción), Oscar Domínguez, Kandinsky, incluso un dibujo de García Lorca (de la colección madrileña de Candela Soldevilla)…, pero también Elena Asins (muy presente en Cáceres en general), Sempere, Soledad Sevilla, Jose María Yturralde (inquietante siempre), José Manuel Ballester, Luis Lugan (maravillosa la obra de la colección Ars Citerior de Alicante) o Pablo Palazuelo, conformaron un entramado conceptual que obligaba a la Casa Palacio de los Becerra a dialogar amistosamente con el arte contemporáneo. La última sala la compusieron obras de Ignacio Uriarte (muy interesante), Plensa, Tony Oursler (enigmático), Dánica Phelps, Bridget Riley (fresca y colorista) o Karin Sander (a medio camino entre la genialidad y la ingenuidad humanas).

Un montaje de luz muy apropiado y un escenario histórico tan insólito como este fueron las bazas más positivas de esta primera exhibición de arte contemporáneo. Un itinerario artístico que pudo gustar más o menos pero que, sin embargo, fue agradable de recorrer y dulce de transitar.

GABINETE ESTAMPA

El Centro Cultural San Jorge se vistió de paredes blancas para congregar a 13 galerías de distintos puntos de España. Unos pasillos inmaculados trazados como si fuesen soldados de pladur apostados en el quicio de una entrada monumental, dieron paso a cada una de las galerías con sus propuestas correspondientes. Así, pudimos ver en Adora Calvo (Salamanca) la serie de dibujos de pequeño formato de Luis Gordillo, en Moisés Pérez de Albéniz (Madrid) apostaron por la obra de Miren Doiz con esas geometrías recubiertas que se debaten entre la violación y el esteticismo, en Cayón (Madrid) mostraron algunas de las obras más singulares de Marco Maggi, un acierto a pesar de que el pequeño formato no tuvo cabida para las más atractivas, o Rafael Ortiz (Sevilla), que trajo la ambiciosa serie de dibujos que Guillermo Pérez Villalta compuso para ilustrar una edición especial de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift. Ángeles Baños (Badajoz) por su parte ofreció una pequeña muestra de artistas emergentes con nombres como los de Daniel Martín Corona o Ignacio Bautista, al igual que hizo La New Gallery (Madrid) con Elena Fernández Prada que, a pesar de no obtener grandes ventas, dejó un especial sabor de boca entre los asistentes. Las galerías, también madrileñas, Freijo Fine ArtÁlvaro AlcázarPilar Serra y Rafael Pérez Hernando propusieron las obras de Vicente Rojo, Antonio Murado, José Manuel Ballester y Giorgio Griffa, respectivamente. El norte estaba representado por NubleJuan Silió (ambas de Santander) y Gema Llamazares (Gijón). La primera trajo a Miguel Palma y la segunda a un joven Alain Urrutia que salió del ruedo con dos orejas y el rabo (permítaseme el lenguaje taurino tan impropio, pero tan codificado). Gema Llamazares, sin embargo, cerró su apuesta con la obra siempre sugerente de José María Sicilia.

Evidentemente el abanico artístico había de rotar en torno a los centros de poder. Era natural que así fuese. Y en este sentido, el carácter centralista de la muestra quizás supuso un hándicap a la hora de ofrecer un panorama amplio y global del galerismo actual, pero, salvando lo salvable, el camino se trazó con claridad y esto ayudó a obtener una satisfacción general del recorrido.

©Foro_Sur_Cáceres

Fundación Helga de Alvear ©Forosur_Cáceres

SOBRE PAPEL

No sólo vinieron a Cáceres galeristas y coleccionistas forasteros; también los foráneos se sumaron a esta fiesta del arte contemporáneo. Su propuesta más firme la representaba, cómo no, la Fundación Helga de Alvear (ahora también Centro de Artes Visuales). Estrella de Diego comisaria esta muestra que dio comienzo en junio y que seguirá hasta enero de 2014. De todos es sabido que en Cáceres no abundan espacios expositivos como el que alberga esta Fundación, por lo que, felizmente, contribuyó al desarrollo de Forosur_Cáceres_13 de manera providencial. Dejando a un lado aspectos valorativos sobre la muestra, pues lo que Helga atesora es más bien un alarde de coleccionismo (formado o no con intuición o sensibilidad que nadie le discute), la exposición puso la guinda al pastel añadiendo y engrosando así el abanico de obra en y sobre papel. Grandes nombres y una generosa cantidad de obras fueron los rasgos a favor y en contra de este espacio que poco a poco se ha impuesto por sí mismo (no sin orgullo, la verdad sea dicha) como referente primero del arte contemporáneo y actual en la ciudad extremeña.

El sábado Cáceres despertaría dormida, sumida en una preciosa bruma capaz de embadurnar con sábanas de vapor el entramado urbanístico musulmán. Un laberinto que poco a poco fue abriéndose para dejar paso al acontecimiento más esperado del fin de semana, el concierto Fluxus que volvería a reunir a algunos de los más nombrados fundadores del movimiento junto al propio Wolf Vostell.

Pero antes de que Fluxus y el padre Vostell reaparecieran, nos quedaban las sesiones de debate entre tan animado elenco de participantes. Un día cargado de contenidos que se nutrió asimismo de los talleres (algunos, como el Cineforo, empezaron el mismo jueves) de restauración y conservación de obra en papel a cargo de Juan Antonio Sáez Degano (MNCARS), el de metodología impartido por los artistas Marta de Gonzalo y Publio Pérez Prieto, y el taller de grabado a cargo del artista portugués José Pedro Croft. Una iniciativa ya no sólo de exhibición, sino de formación y divulgación que obtuvo la simpatía de la ciudad de Cáceres a juzgar por el gran número de asistentes.

La primera conferencia, Crítica, comisariado y coleccionismo, ¿cuál es la relación?, corrió a cargo de Fernando Castro Flórez y Delfim Sardo, dos críticos de arte con un punto de vista muy distinto que maridaron a la perfección sus discursos para hacer de esta primera sesión matutina una agradable conversación a la que el público se sumó activamente. La figura del coleccionista, el dilema de coleccionar y cómo hacerlo o cuál es la posición exacta de la crítica de arte en el entramado social del arte, fueron temas candentes que allí se discutieron. El resultado es el que ya sabemos: la crítica constituye una parte activa del arte que una sociedad puede producir. Luego, después de los turnos de los Teixeira de Freitas y la charla sobre las colecciones corporativas, llegaba una de las conferencias más necesarias: Coleccionismo y mecenazgo, ¿función social? Inmaculada Corcho, directora del Museo ABC, se embarcó en un apasionante diálogo con Jaime Sordo en el que se trataron temas de rabiosa actualidad como la controvertida Ley de Mecenazgo. Sólo me queda decir una cosa llegado a este punto: Jaime Sordo es una rara avis del coleccionismo, un humanista de voz letrada y sentimiento sincero, de esos que se echan demasiado en falta en el mundo del arte en general. Desde la presidencia que ostenta en la Asociación de Coleccionistas 9915, su palabra es de las más autorizadas en este campo. Su opinión respecto a la dinamización social del mecenazgo fue clara: no hay demasiadas esperanzas mientras no exista un cuerpo común que defina y represente de manera sólida esta parcela de la comercialización artística. El mercado es el que es, pero los intereses son múltiples y a menudo no se encaminan en la misma dirección. Esto hace que el panorama sea múltiple, global, pero mal codificado. Su savoir faire dentro de 9915 sigue dando sus frutos optimizando la perspectiva social de los coleccionistas y manteniendo firme su propuesta por un arte activo y de proyección cultural y ciudadana, aspectos sin parangón en el complejo entramado de la administración patrimonial.

Le seguirían las conferencias de los coleccionistas Ángel y Clara Nieto con un proyecto familiar precioso que cautivó al público y una especie de mesa redonda donde tres museos y tres galerías (Antonio Franco del MEIAC de Badajoz, Juan Antonio Álvarez Reyes del CAAC de Sevilla y Josefa Cortés del Museo Vostell Malpartida; Ángeles Baños, Rafael Ortiz y José Luis de la Fuente en nombre de la Galería Nuble de Santander) comparecieron para hablar del trabajo en red. Se puso en entredicho la existencia real de una periferia, puesto que las lindes no están todavía bien marcadas, pero lo que es indiscutible es que el trabajo en común es necesario, que de otro modo es imposible llevar a término una operación tan ambiciosa como el arte.

Transcurrida la tarde, por fin llegó el momento estelar. El autobús aguardaba para llevarnos directamente a Malpartida, donde más de 200 personas esperábamos sumidas en una expectación insólita que el momento, por sí solo, fue capaz de generar. Ben Patterson, Willem de Ridder, Philip Corner y Phoebe Neville, fueron los culpabes. Cada uno de ellos propuso su propio concierto y, sin más dilación y con una puntualidad sorprendente, Willem de Ridder requirió cuatro personas del público asistente para dar por comenzado el acontecimiento. Ofreció un walkman a cada uno de ellos y una silla donde sentarse; la grabación marcaba unas sencillas directrices que los “concertistas” tenían que seguir. El resultado fue una danza autómata entre espectadores, un transitar el vacío donde sólo el ruido de las sillas arañando el suelo de piedra interrumpía la diafanidad del silencio, hasta que –el final dadaísta era inminente– los cuatro voluntarios mudos tenían que propinarle un puntapié a su silla y recogerla para devolverla a su sitio, una especie de vuelta al orden. Sencillamente enigmático. Phoebe Neville y Philip Corner tomaron el relevo propiciando una situación de esas en las que reina el desconcierto. La gente, desorientada, no entendió muy bien la invitación de Philip y Phoebe a tocar espontáneamente los pianos obsoletos de la sala, pero sin embargo no dudó un instante a la hora de comer con palillos chinos una especie de pastel gigante de nata y guindas con la figura de El grito de Munch. Un ágape siempre se hace entender, pero no nos deslindemos por derroteros que no son de nuestra competencia. Finalmente Ben Patterson puso en marcha una maquinaria sonora estridente que fue de lo más interesante de la noche. El objeto de esta performance fue el agua, y si bien siempre es candente hablar sobre la propiedad de un elemento tan fundamental para la vida como lo inquietante que es que aún hoy siga teniendo dueño, la acción estaba un poco desfasada en el tiempo. El 71% de la Tierra es agua, el 97% del agua es salada, y sólo el 0,05% se puede beber. Ben Patterson alternó distintas capas digitales y contrapeó su voz recordando viejas acciones del maestro Stockhausen y sus pruebas con micrófonos primitivos, sólo que en esta ocasión utilizó pedales modernos y alguna que otra trompeta inquietante como herramienta primigenia. El público, a pesar de todos estos desconciertos, vibró al unísono cuando los cuatro componentes clausuraron el evento en mitad del terreno escarpado de Los Barruecos y recibieron un sentido homenaje en forma de aplausos entusiastas. Mercedes Guardado, presente en todo momento y manifiestamente alegre por el reencuentro, se mostró emocionada por tan gran acogida. También la presencia de Concha Jerez y los hijos del Wolf Vostell añadieron más emoción si cabe al acontecimiento.

El domingo sólo restaba el encuentro con algunos coleccionistas que nos expusieron sus experiencias en la adquisición de obra sobre papel. Candela Soldevilla (Madrid), Juan Espino Navia (Almendralejo) y José Manuel Cabra de Luna (Málaga) fueron los elegidos y a través de ellos pudimos ver los distintos puntos de partida desde los que un coleccionista se posiciona para comenzar a atesorar sus piezas. Unos se decantan por el flujo emocional que las obras desprenden, otros por la seriedad de servirse de la razón para conformar sus colecciones, y los demás por una suerte de alternancia entre la inversión y el regocijo de la contemplación. Isabel y Beatriz Niño dieron por finalizadas las sesiones de debate con una pequeña charla sobre fiscalidad en representación de NIAL Art Law, su empresa barcelonesa.

No tuvimos tiempo para más, y de hecho quedaron muchas cosas en el tintero, pero suponemos que Cáceres, hasta el 24 de noviembre, seguirá engalanada de arte y cultura. Como ya dijimos al principio, el éxito de las jornadas fue evidente. La única duda que cabe plantearse al respecto es la dimensión social y ciudadana de este foro de arte contemporáneo, ya que sí se pudo comprobar una participación turística, pero no tanto de sus habitantes. Nos parece digno de mención el seguimiento que desde las redes sociales se puso en marcha y su gran recibimiento, sobre todo en Twitter yFacebook, pero no sólo, pues la falta de streaming fue reemplazada por la grabación de las conferencias que ahora pueden verse en su canal de Youtube o las imágenes en Flickr.

Artículo publicado en El Asombrario & Co.

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Arthur Koestler /// Interpretación(es)

Arthur Koestler, retratado por Ida Kar en 1959 (National Portrait Gallery, Londres)

Arthur Koestler, retratado en 1959 por Ida Kar / National Portrait Gallery (Londres)

«Los simios, sumamente civilizados, se balanceaban con elegancia entre las ramas; el neandertal era basto y estaba atado a la tierra. Los simios, satisfechos y juguetones, pasaban la vida sumidos en sofisticados entretenimientos o cazando pulgas con contemplación filosófica; el neandertal se movía oscuramente dando pisotadas por el mundo, repartiendo porrazos aquí y allá. Los simios lo miraban divertidos desde las copas de los árboles y le tiraban nueces. A veces el terror los sobrecogía: mientras que ellos comían frutas y plantas tiernas con delicado refinamiento, el neandertal devoraba carne cruda y mataba a otros animales y a sus semejantes. El neandertal cortaba árboles que siempre habían estado en pie, movía rocas de los lugares que el tiempo había consagrado para ellas y transgredía todas las leyes y tradiciones de la selva. Era basto y cruel, y no tenía dignidad animal: desde el punto de vista de los sumamente civilizados simios, no era más que un paso atrás en la historia.»

Arthur Koestler, Darkness at Noon, Londres, Vintage, 2005, pp. 183-184.

[trad. cast. El cero y el infinito, Barcelona, De Bolsillo, 2011].

Cit. John Gray, El silencio de los animales. Sobre el progreso y otros mitos modernos, Madrid, Sexto Piso, p. 11.

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Rüdiger Safranski /// Interpretación(es)

Rüdiger Safransky en la Universidad de Barcelona

Rüdiger Safransky en la Universidad de Barcelona (2011)

«El Romanticismo es una época resplandeciente del espíritu alemán; sus rayos llegaron con fuerza a otras culturas nacionales. Ha pasado ya el Romanticismo como época, pero nos ha quedado lo romántico como actitud del espíritu. Cuando hay desazón por lo real y acostumbrado y se buscan salidas, cambios y posibilidades de superación, casi siempre entra en juego lo romántico. Lo romántico es fantástico, inventivo, metafísico, imaginario, tentador, exaltado, abismal. No está obligado al consenso, no necesita ser útil a la comunidad, y ni siquiera ser útil a la vida. Puede estar enamorado de la muerte. Lo romántico busca la intensidad hasta llegar al sufrimiento y la tragedia. Con todos esos rasgos lo romántico no es particularmente apropiado para la política. Cuando desemboca en ella, habría de tener un suplemento de realismo. La política, en efecto, debería fundarse en el principio de evitar los dolores, el sufrimiento y la crueldad. Lo romántico ama los extremos; en cambio, una política racional ama más bien el compromiso. Nosotros necesitamos ambas cosas: la aventura del Romanticismo y la sobriedad de una política adelgazada. Si no entendemos la razón de la política y las pasiones del Romanticismo como dos esferas, y no sabemos separarlas en cuanto tales, si en lugar de ello deseamos la unidad sin quiebra y no tenemos la habilidad de vivir por lo menos en dos mundos, entonces surge el peligro de que en lo político busquemos una aventura, que sería mejor hallar en la cultura, o bien de que exijamos a la cultura la misma utilidad social que a la política. Pero no es deseable ni una política aventurera, ni una cultura políticamente correcta. Fue Friedrich Schlegel quien resaltó la necesidad de la separación de las esferas. Afirmó que es necesario empezar «con la autonomía de lo bello» y mantenerlo separado de «lo verdadero y lo moral. Así se llegó entonces, en la época del Romanticismo, al grandioso desencadenamiento de lo romántico.

»La tensión entre lo romántico y lo político se halla inmersa en la tensión más amplia entre lo que puede representarse y lo que puede vivirse. El intento de conducir esta tensión a una unidad sin contradicciones puede llevar al empobrecimiento o a la desertización de la vida. Ésta se empobrece cuando no somos capaces de representarnos nada más allá de lo que creemos que es posible traducir a una realidad vivida. Y la vida se desertiza cuando queremos vivir algo a cualquier precio, incluso al precio de la destrucción y de la propia destrucción, simplemente por el hecho de habérnosla representado. En un caso la vida se empobrece porque se renuncia a lo representable en aras de la amada paz; y en el otro caso se rompe bajo la violencia con que se quiere realizar lo representable sin ningún tipo de reducción. En ninguno de los dos casos somos capaces de soportar la contradicción entre lo que se puede representar y lo que se puede vivir, y, por tanto, en ambos se aspira a una vida de una sola pieza. Pero una vida así es solamente un sueño romántico.

»Aunque lo romántico forma parte de una cultura viva, una política romántica es peligrosa. Para el Romanticismo, que es una continuación de la religión con medios estéticos, rige lo mismo que para la religión: ha de resistir a la tentación de recurrir al poder político. «La imaginación al poder» no era precisamente una buena idea.

»Por otra parte, no podemos perder el Romanticismo, pues la razón política y el sentido de la realidad no son suficientes para vivir. El Romanticismo es la plusvalía, el excedente de hermosa extrañeza frente al mundo, el excedente de significación. El Romanticismo despierta nuestra curiosidad para lo completamente diferente. Su imaginación desencadenada nos otorga los espacios de juego que necesitamos, siempre y cuando compartamos la observación de Rilke:

no estamos muy seguros, no nos sentimos en casa

en el mundo interpretado

R. Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, Barcelona, Tusquets, 2012, pp. 352-353.

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Camille Claudel rediviva

Una escultora: Camille Claudel. Una actriz: Vicky Peinado. Una compañía: Turlitava Teatro. Una sala: La Puerta Estrecha. Con estos cuatro nombres uno podría tener suficiente para que sus sentidos se vieran impelidos a indagar en la obra de esta genial creadora. Camille Claudel fue una escultora agazapada en el tiempo y eclipsada sin miramientos por la impenitente sombra del que fue su maestro y amante, Auguste Rodin. Partiendo de una obra original concebida por Sandra Massera en su texto Locas, TurliTava Teatro ha decidido reinterpretar la figura de esta artista atormentada, entre otras cosas, por las vicisitudes de su tiempo. Siendo la opera prima de Jana Pacheco, la directora ha tomado el cuerpo como punto de partida y ha profundizado en diversos mecanismos corporales para intentar llegar al fondo de la creación artística pulsando teclas que hasta el momento no son convencionales.

Vicky Peinado se viste de Camille Claudel

Vicky Peinado se viste de Camille Claudel (Foto: Patricia Domínguez del Pino)

Pero antes de hablar de la estética de la obra, detengámonos un momento en su puesta en escena. Oscura, lúgubre, húmeda y opaca, así se recrea la celda entre bastidores de Montdeverges donde Camille Claudel pasó los últimos treinta años de su vida. Una mujer que arremete contra el tiempo a fuerza de espasmos, la lucidez que surge a borbotones de una mente preclara y revolucionaria, hostigada por sus allegados y convencida de que sus seres queridos no han podido hacerle eso. Está encerrada y ella lo sabe, pero su indefensión le vuelve voluble. Por momentos, el ímpetu creativo aflora empujándola a la acción, se mueve, se convulsiona, pero sólo tiene una cama destartalada y un par de prendas que ponerse, entre ellas, un chaquetón que ella atribuye a Rodin y con el que puntualmente flirtea en un juego maravilloso que va del amor al odio rotundo.

Camille se frota los brazos (Foto: Patricia Domínguez del Pino)

Camille se frota los brazos (Foto: Patricia Domínguez del Pino)

Nos enfrentamos a un texto en primera persona duro y descarnado. Una herida que sangra como esas gotas de agua que caen tímidamente en una tinaja de latón. Una temible costra psicológica, en definitiva, a la que también concurre la belleza.  Porque, dicho sea de paso,  La Puerta Estrecha -aviso para navegantes- es un lugar de esos en los que el aura dormita y despierta cuando entra y sale el público. Qué sala no, se estarán preguntando. En este caso lo vimos en Marx en Lavapiés de Benjamín Jiménez, en Tío Vania de Chéjov o incluso en La danza de la muerte de Strindberg. En efecto, no se trata de ninguna casualidad.

Camille y su sombra (Foto: Patricia Domínguez del Pino)

Camille y su sombra (Foto: Patricia Domínguez del Pino)

La dramaturgia, firmada también por Jana Pacheco, propone distintos problemas que van desde el abordar la acción desde el cuerpo y no desde la palabra, que puede ser ciertamente rompedor y que, es más, resulta acertado, al hecho musical en sí mismo, esto es, la simultaneidad de ritmo y movimiento, batidos ambos en un cuerpo y expresada por sutiles bocanadas de oxígeno que nacen de la protagonista. Decíamos que la belleza también comparece. Pues bien, en ese maridaje entre cielo y tierra, regado por una línea sonora fruto de la colaboración entre el grupo Sogorda y Surfea y Fernando Epelde, irrumpe poderosa la poesía de la desesperación. Camille se aferra al terruño de su arcilla arrastrándose en el abismo del suelo, al negro carboncillo con el que escribe cartas en sus propias sábanas, a sus imaginaciones, al delirio del que no se siente presa sino cazador. A la sazón, uno entra a tientas buscando el interruptor y durante toda la función se siente desamparado, no halla la luz, pero la empatía sinérgica se apodera de una experiencia que la música y la voz de Vicky Peinado se proponen apaciguar, y sin embargo, seguiremos sin encontrar el dichoso interruptor. Tal vez la razón de ser de esta obra radique ahí mismo. Como espectadores nos sentimos sumidos en la misma agonía y, de algún modo, llegamos a formar parte de la escena.

Camille y su parasol (Foto: Patricia Domínguez del Pino)

Camille y su parasol (Foto: Patricia Domínguez del Pino)

Otra de las cosas que se nos plantea en esta versión es la necesidad de revisar una buena parte de la historia del arte del siglo XX, fundamental, para comprender el poder del que gozan los medios y la propaganda reservados al servicio interesado del arte. Me refiero a la campaña de silenciación de la obra de Camille Claudel respecto de la de Rodin y a los modelos que el célebre escultor tomó de su alumna y que luego él firmó sin que por ello le temblara mínimamente el pulso. A algunos les podrá parecer una lectura sesgada, pero nunca inverosímil. El acierto de esta versión de TurliTava Teatro es, por un lado, someterse al mayor de los retos teatrales, la frialdad de la primera persona, solventado con holgura gracias a una inspirada Vicky Peinado que administra el terco silencio con dominio. Tablas. Y por otro lado está la apuesta por un tipo de teatro arriesgado y a la vez comprometido, que se salta a la torera muchos grandes conceptos resquebrajando de una vez por todas el espejo de la imitación. Cuerpo, expresión y belleza. Hacía tiempo que no se veía algo tan extraño y tan monstruoso, tan hermoso. Ahora queda pensar que Camille Claudel ha resucitado, ya que cuerpo, y no sólo verbo, se han hecho carne. Enhorabuena. Cartel de Camille (Turlitava Teatro, 2014)

17 de enero – 30 de marzo de 2014, de viernes a domingo, 20:30 h,

en La Puerta Estrecha

Calle Amparo, 94 – 28012 (Madrid) / Telf: 91. 467 22 24

Entradas con 20% de descuento aquí.

TurliTava Teatro en Facebook y Twitter

Puedes escuchar la banda sonora de Sogorda y Surfea en el portal de Bandcamp.

/// ficha técnica ///

DIRECCIÓN y DRAMATURGIA / Jana Pacheco

TEXTO ORIGINAL / Locas, de Sandra Massera

INTERPRETACIÓN / Vicky Peinado Vergara

COREOGRAFÍA / Chus de la Cruz

ESPACIO SONORO / Manu Vega y Alfonso Sáenz  (Sogorda y Surfea) y Fernando Epelde

ESCENOGRAFÍA y DISEÑO GRÁFICO / Nicolás Fryd

DOCUMENTACIÓN / Benjamín Jiménez de la Oz

GESTIÓN y DISTRIBUCIÓN / Luis Illán y Alberto Basas

COMUNICACIÓN / Vicky Peinado Vergara y Paco Puerta

IMAGEN / Patricia Domínguez del Pino, Nora Gehrig y Pablo Bonal

PRODUCCIÓN / TurliTava Teatro

COLABORACIÓN / Soraya Gamuz

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Georges Bataille /// Interpretación(es)

Georges Bataille (Foto: André Bonin © Gallimard)

Georges Bataille (Foto: André Bonin © Gallimard)

«Para llegar hasta el final del éxtasis donde nos perdemos en el goce, siempre debemos poner un límite inmediato: el horror. No sólo el dolor de los demás o el mío propio al acercarme al momento en que el horror se apoderará de mí puede hacerme alcanzar un estado gozoso rayano en el delirio, sino que no hay forma de repugnancia en la cual no pueda discernir afinidad con el deseo. No es que el horror se confunda alguna vez con la atracción, pero si no puede inhibirla o destruirla, el horror refuerza la atracción. El peligro paraliza, pero al ser menos fuerte puede excitar el deseo. Sólo alcanzamos el éxtasis en la perspectiva, aun lejana, de la muerte, de lo que nos destruye.

»El placer sería despreciable si no fuera esa aberrante superación, que no está reservada al éxtasis sexual y que los místicos de diferentes religiones, y en primer lugar los místicos cristianos, han conocido del mismo modo. El ser nos es dado en una superación intolerable del ser, no menos tolerable que la muerte. Y puesto que, en la muerte, al mismo tiempo que el ser nos es dado, nos es quitado, debemos buscarlo en el sentimiento de la muerte, en esos trances intolerables en los que nos parece que morimos, porque el ser ya no está en nosotros más que como exceso, cuando coinciden la plenitud del horror y la del gozo.»

G. Bataille, El erotismo, Barcelona, Tusquets, 2007 (1957), pp. 273-274.

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«Così fan tutte» /// Una lección de Mozart

Cartel del estreno de Così fan tutte en el Burgtheater de Viena (20 de enero de 1790)

Cartel del estreno de Così fan tutte en el Burgtheater de Viena (20 de enero de 1790)

Così fan tutte es una fábula consistente en lo siguiente: dos jóvenes, Ferrando y Guglielmo, se niegan a aceptar la tesis que sostiene Don Alfonso, a saber: que Dorabella y Fiordiligi, de las que ambos están enamorados, pueden serles infieles pese a las virtudes que ellos les suponen y a las cualidades, únicas, portentosas, que ellos se atribuyen como para tenerlas enamoradas de por vida (hasta el punto de imaginar que les será posible continuar su vida disoluta y libertina). ¿Quién tiene la razón de antemano, Don Alfonso o los enamorados? Hagamos la prueba y apostemos; la realidad decidirá, dicen los contrincantes. Porque la vida -no se olvide- es prueba de realidad. La realidad, lo que es, es el supremo juez que dará la razón a Don Alfonso o a ellos.

Don Alfonso diseña un experimento que hará ver, sin ningún género de duda, a los empecinados Ferrando y Guglielmo que están en el error. Y que una vez que, evidenciado el error, acepten la realidad tal cual es, paguen la apuesta y vivan alegremente (ellos y ellas). Porque la aceptación de la realidad que les propone Don Alfonso, frustrante respecto de la fantasía previamente construida por los amantes, no conlleva de manera ineludible la infelicidad. También en la realidad hay manera de pasarlo bien, y eso es una lección más que tienen que aprender.

Pero, ¿y ellas? ¿Qué idea tienen ellas de sus enamorados y de ellas mismas? Inimaginable que ellas les pudieran ser infieles; inimaginable que se lo fueran ellas. Y aquí llega Despina, maestra como Don Alfonso en la detección de la realidad de la vida, para hacerles ver que no saben nada de la misma. Tachándolas de ignorantes e ingenuas, les advierte «¡que estamos en la tierra, no en el cielo!«.

Puesta en escena de la Comic Opera Company (Berlín, 2005)

Puesta en escena de la Comic Opera Company (Berlín, 2005)

¿De qué tesis se trata, pues, en primera y última instancia en Così fan tutte? De que en la vida, cualquiera que sea la faceta que se considere, en este caso la de la relación amorosa hombre/mujer, no se debe confundir el deseo con la realidad. De no hacerse así sobreviene la frustración y la infelicidad. Por el contrario, si se acepta la vida tal cual es, aunque de entrada contraríe nuestro deseo, se la puede utilizar luego de manera que vivamos contentos, que es de lo que se trata. Reparemos en esto: La scuola degli amanti es el subtítulo de esta ópera. El amor y el amar es una faceta más de la vida humana, pero de tal importancia que trasciende los límites de la estricta relación amorosa para invadir cosas tales como el ser de la mujer y del hombre, la moral de una y otro, el imperativo, falaz, de las normas, la posibilidad, por tanto, de eludirlas y muchas cosas más. Così fan tutte es, pues, mucho más que una comedia de enredo.Es una representación fabulada de la oposición entre la vida fantaseada, es decir, imaginada conforme al deseo, y la vida real. Precisamente el riesgo de la comedia -sobre ello volveré más tarde-, en este caso, además, fábula, es suponerla ajena a la vida real, un cuento, para decirlo en pocas palabras, y no como lo que es: una construcción ejemplarizada, simbólica, de una faceta de la vida real. Pero también es la forma de enseñarnos que en la realidad tal cual es se puede amar, porque, «Amor, cos’è / piacer, comodo, gusto, / gioia, divertimento… / non è più amore / se incomodo diventa, se invece di piacer nuoce e tormenta«.

Ésta es la tesis básica de esta prodigiosa ópera, a la que Lorenzo da Ponte pone letra y Mozart música y de la cual diremos algo de lo mucho que hay que decir. Don Alfonso y Despina, experimentados maestros de la vida, representan el «principio de realidad», que se formula de esta manera tan sencilla: las cosas son como son. Para las dos parejas de amantes, que rechazan la tesis de sus maestros, las cosas son como imaginamos que son: ésa es la formulación del «principio de placer», porque a la satisfacción de nuestros deseos, que están en la imaginación de todos los humanos, lo que se opone es la realidad. Apenas hay que decirlo: el principio de realidad es la verdad; el principio del placer, el error. La frase de Despina antes citada es una metáfora de esta obra: bajemos de la fantasía a la realidad, porque ésta se opone a la satisfacción de nuestros deseos. ¿De qué modo, entonces, actuar para lograr la máxima satisfacción de nuestros deseos?

Versión de la English National Opera (Londres, 2009)

Versión de la English National Opera (Londres, 2009)

Esta ópera ha sido calificada de disoluta (Cyrill Connolly), y lo es, si por disoluta se entiende no aceptar lo que hay de ficción en el carácter inmutable que se le confiere a las normas que rigen para el amor, para las mujeres, para los hombres… Pero nada más incierto que la inmutabilidad de las normas. En la vida caben tanto unas determinadas normas cuanto las contrarias, y es cuestión de elegir aquellas que posibiliten la satisfacción de nuestros deseos. La teoría que se deduce de esta fábula es que lo real, es decir, la vida, no es moral o inmoral, sino amoral, como todo lo que es, como todo lo que existe. Ni Don Alfonso es un Mefistófeles ni Despina una alcahueta, porque no son inductores del mal. Son dos expertos conocedores de la vida, maestros en el arte de vivir lo mejor posible en la vida que encontraron. Partiendo de esta tesis, esta ópera enseña cómo las cosas son, sin que a ello se oponga el que puedan ser de manera distinta. Me parece que Connolly es un moralista, pero no sabe qué es la realidad.

Una cuestión interesante, aunque parcial, es la siguiente: se diría que en Così fan tutte se trata de que los enamorados, tan frescos ellos, reciban su lección, y de engañadores pasen a engañados. Y que también ellas, las enamoradas, reciban otra: de inocentes pasen a ser vivas y despiertas, y de engañadas a engañadoras. Pero esto es sólo una consecuencia, porque, una vez aceptada la realidad de que cada cual -ellas y ellos- puede asumir otras normas en las que no rija el engaño, la relación entre ellos se ha de sustentar en la claridad, y podrán amar aceptándose recíprocamente tal cual ellos y ellas son. A partir de entonces, gracias a la sinceridad, no hay necesidad de más experimentos y pruebas: «te lo credo / ma la prova far non vo«. Por tanto, la lección que los cuatro reciben es doble: por una parte, dejan de estar engañados respecto de los otros u otras; pero, además, dejan de estar engañados, tanto ellos y ellas, respecto de sí mismos. Così fan tutte es una fábula en la que se nos enseña a evitar la mentira sobre los demás y desde luego sobre uno mismo, y nos propone, en contrapartida, la aceptación alegre de la verdad sobre los demás y sobre cada uno de nosotros. Y aún más: sin que ello suponga escándalo ni dé lugar, al fin, a la infelicidad, sino todo lo contrario.

Una escena de la reciente versión de Claudia Boasso (Turín, 2012)

Una escena de la reciente versión de Claudia Boasso (Turín, 2012)

En una sociedad en la que las normas son impuestas con carácter de inmutables, postular su transgresión o su mera sustitución por otras no está exento de riesgos, salvo que parezca broma. Pero la broma no es mentira. Lo decía Shakespeare: en broma se dice todo aquello que sería imposible decir en serio. En Così fan tutte aparecen ellos y ellas como ignorantes que tienen que aprender de sus maestros y de su experiencia vital. Pero no lo olvidemos: ellos no están viviendo, están representando. ¿Para quién? No hay duda alguna: para nosotros, es decir, para los entes reales, vivos, que, sentados, estamos oyendo y viendo Così fan tutte y hemos de aprender de lo representado. Por eso he calificado en otro momento esta ópera de «pedagógica», como de hecho es toda fábula. Aunque divertida, Così fan tutte debemos tomarla como una lección.

Los hombres precisamos aprender muy bien a desenvolvernos en la realidad (con los otros, con las otras) porque hay tareas, como por ejemplo la de amar y ser amado, en la que nos va la vida; con otras pero muy simples palabras, la posibilidad de ser feliz o desgraciado. A este respecto, hay dos formas de aprendizaje: o mediante el escarmiento, es decir, fracasando en la realidad y extrayendo luego las conclusiones pertinente que eviten sufrimientos ulteriores, o mediante el consejo («Del viejo, el consejo«, dice el proverbio). Pues bien, una fábula es un cuento, y su moraleja es el consejo sobre cómo hacer y cómo no hacer en la vida para vivirla lo mejor posible.

Sin embargo, la suficiencia estúpida del ser humano es de tal naturaleza que ni aprende del escarmiento ni del consejo. Por eso yerra constantemente, hasta el fin de sus días, abocado las más de las veces a la infelicidad y la desgracia por su obstinación en el error. Éste es el sino de los humanos, de manera que no es de extrañar que nosotros, espectadores y oidores de esta ópera, en vez de aprender nos limitemos a gozar de su música y del enredo, y no aprendamos la lección. He hablado antes del riesgo de que de la fábula no se extraiga enseñanza alguna. Ello se debe a que, a diferencia de lo que ocurre en la tragedia, en la comedia no hay lugar para la catarsis. ¿Es que no es posible aprender deleitándose? No, no parece posible. Porque lo cierto es que ese proceso de identificación del espectador con lo representado en la escena que tiene lugar en la tragedia, incluso en el drama, no ocurre en la comedia, a la que asistimos alegremente sin más, haciendo a modo de un paréntesis en nuestra vida. Como si lo representado fuera ajeno a la problemática existencia humana, como si se nos ofreciera para divertirnos por sólo unos momentos y olvidarnos después. Un error.*

*Carlos Castilla del Pino, Così fan tutte o El mundo es así.

Fuente: texto e imágenes volcados de mi blog IlBuonarroto1475.

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Zbigniew Herbert /// Interpretación(es)

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Zbigniew Herbert en su estudio.

«Como si la separación entre sujeto y objeto no existiera, el artista no se encaraba con la naturaleza para sondearla mediante la geometría, sino que formaba parte del cosmos al igual que el árbol, el agua y la piedra, era el punto de encuentro de los cuatro elementos y nunca le pasó por la cabeza que fuera un creador, una criatura excepcional e inspirada.

»Sólo unas pocas obras de arte han llegado hasta nuestros días en su pleno esplendor. Es sorprendente -y la sorpresa es agradable- que hayan subsistido tantas muestras del talento y de la sensibilidad del hombre. En el jardín del arte hay un gran hospital lleno de formas mutiladas y moribundas. Las potentes piedras molares del tiempo trabajan implacables. Así pues, mientras me paseaba por las salas del museo de Heraclión como quien recorre las habitaciones de un hospital, intentaba encontrar en aquellos frescos antiguos la belleza de la juventud. Al igual que los enfermos, las obras de arte esperan nuestra misericordia y nuestra comprensión, y si se las escatimamos se marcharán, dejándonos solos.»

Zbigniew Herbert, El laberinto junto al mar, Barcelona, Acantilado, 2013, pp. 17-18.